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martes, 24 de junio de 2014

Nathaniel Hawthorne - EL libro de las maravillas

«El libro de las maravillas» recrea seis conocidas historias de la mitología griega: «Perseo y Medusa», «El Rey Midas», «La caja de Pandora», «Hércules en el jardín de las Hespérides», «Filemón y Baucis», y «Pegaso y Belerofonte».Nathaniel Hawthorne (1804-1864) forma parte, junto a sus coetáneos Poe y Melville, de lo que podría llamarse el núcleo fundacional de la literatura norteamericana. Una de sus permanentes preocupaciones literarias fue el problema del mal y de su trasmisión a través de las generaciones. Sobre ese fundamento escribió se célebre «La letra escarlata» (1850). Su realidad -dice Borges- fue, siempre, el tenue mundo crepuscular, o lunar, de las imaginaciones fantásticas.

domingo, 13 de enero de 2013

Nathaniel Hawthorne - La letra escarlata


 Conocemos a Hester Prynne, una mujer que es acusada y condenada por adulterio debiendo por ello llevar una A de adúltera en sus prendas de vestir. Se verá obligada a educar a su hija en este difícil ambiente mientras se niega a revelar el nombre del padre de la criatura.
     Este libro nos habla de las apariencias y de secretos. Por eso, el tema raíz, por encima de la lealtad a su secreto de la protagonista, nos enseña una lección sobre hipocresía. Nos sitúa en un ambiente puritano, piadoso incluso en teoría, y no tiene reparos en enseñarnos como esos devotos puritanos observan con un placer malsano el castigo ajeno cuando, moralmente, deberían de implorar el perdón antes que la venganza.
Contado con sencillez acompañamos la odisea de esta mujer que acoge un castigo de forma silenciosa protegiendo en todo momento su secreto. Disfrazada con una máscara de aparente impasibilidad, la vemos proteger a su hija y ceder ante los sentimientos que la llevan a la situación que vive, revelando el carácter de una mujer torturada pero también apasionada. Pese a que la vemos sufrir, Hester no se nos plantea como una víctima que busca comprensión y consuelo, sino todo lo contrario, lucha por continuar su vida y se convierte para el lector en una suerte de regla por la que medir las actitudes ajenas.