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miércoles, 13 de marzo de 2013

Michel Foucault - La vida de los hombres infames

Desde hace siglos el estado ha sido una de las formas de gobierno humano, de las más extraordinarias y también de las más temibles. El hecho de que la crítica política haya reprochado al Estado que sea simúltaneamente un factor de individualización y un principio totalitario resulta muy revelador. Basta observar la racionalidad del Estado naciente y conocer cuál fue su proyecto de policía para darse cuenta que, desde sus comienzos, el estado fua a la vez individualizante y totario. Oponer al estado por tanto el individuo y sus intereses es tan aventurado como oponerlo a la comunidad y sus exigencias.
La racionalidad política se ha desarrollado e impuesto a lo largo de la historia de las sociedades occidentales. En un primer momento se ha enraizado en la idea del poder pastoral, más tarde en la razón de Estado. La individualización y la totalización son dos de sus afectos inevitables. La liberación no puede venir portanto del ataque a uno u otro de estos efectos sino del ataque a las raíces mismas de la racionalidad política.

jueves, 21 de febrero de 2013

Michel Foucault - Vigilar y Castigar

A Foucault le interesa, en su libro Vigilar y castigar – el nacimiento de la prisión, estudiar un mecanismo de control que la sociedad moderna ejerce sobre los individuos. El libro comienza con una descripción cruda y detallada del castigo corporal al que era sujeto un criminal condenado a mediados del siglo XVIII: se trata de una tecnología de castigo “monárquica”, en la cual se está castigando al cuerpo del individuo que ha violado las normas mediante la tortura y la ejecución públicas.   Foucault se pregunta cómo, en menos de un siglo, las tecnologías de castigo se orientaron en otra dimensión, en un principio muy diferente, que es la de las prisiones modernas. Estaríamos ante una forma de castigo “disciplinaria”, donde lo que se busca castigar no es el cuerpo del condenado (por el contrario, se lo alimenta, tiene atención médica, cuenta con horas de ejercicio y de sueño, etc.) sino su alma, privándolo de la libertad.  Foucault cambia la noción, hasta entonces aceptada, de que las prisiones sean un castigo “humanitario”. De hecho, se trata de un mecanismo muy complejo donde los profesionales están  ejerciendo su poder sobre los condenados, y donde las redes de control se extienden por sobre todos y cada uno de los estratos sociales.   En cada plano de la sociedad moderna, dirá Foucault, existen mecanismos que buscan controlar y “normalizar” a los individuos, mediante la vigilancia continua. Para explicar esta situación, Foulcault se basa en la conocida metáfora del panóptico de Bentham (una prisión imaginaria donde un solo guardia vigilaría, sin ser visto, a todos los prisioneros: la ilusión de estar siendo permanentemente observados funcionaría de por sí como un mecanismo de control y ejercicio de poder).