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martes, 1 de enero de 2013

Melissa Nathan - La camarera

El aperitivo
 Las aspiraciones profesionales de Katie parecen cambiar cada hora, lo mismo quiere ser escritora, que directora de cine, profesora, psicopedagoga.... Entretanto, sirve mesas como camarera y espera que su príncipe azul llegue de sopetón, cosa que parece improbable, teniendo en cuenta que sus antecedentes amorosos son tan patéticos como su historial laboral.

El plato principal
 Pese a eso, nadie dice que una chica no pueda tener sus sueños, aunque sea mientras le tira por encima un plato caliente de linguinis al antipático cliente de la mesa seis. Así que, cuando el guapo, sensible y perfecto Dan Crichton le pide una cita, Katie se pone loca de contenta. Pero la fobia al compromiso asoma de nuevo su fea cara y la cena acaba siendo La primera gran cita desastre... y el perfecto idilio romántico de Katie termina antes de llegar al beso de despedida.

El carrito de los postres
Las cosas son complicadas cuando una mujer lo quiere todo, pero no quiere sentar cabeza... y tiene ciertos problemillas con los cambios de ideas. Pero está a punto de ponerse un poco más complicado para la Reina de las Complicaciones.

La factura
 Ahora, no sólo ha regresado Dan –convertido en su nuevo jefe y comprometido con otra–, sino que también lo ha hecho su su ex novio número 3, Hugh, con ánimos de venganza. Y, de pronto, su bandeja está tan llena que ni siquiera la profesional de la hostelería más capaz del mundo podría manejarla de forma segura...
Si la autora hubiera dejado las alrededor de trescientas páginas que tiene el libro en un centenar, podría deciros que la camarera es una novela corta entretenidísima, divertida y acertada, como el caso no ha sido así, mi opinión es que ha quedado en una obra para pasar el rato, con momentos muy concretos de comicidad bastante altos (las borderías que responde la protagonista a los trabajadores de la cola del café mientras les va sirviendo no tienen, a mi parecer, desperdicio), con un buen despliegue de secundarios de los que se desarrollará también su historia personal: el adolescente Matt, estudiante de selectividad, que quiere perder la virginidad y, entre otros problemas tendrá que enfrentarse a un grano en la nariz de dimensiones impresionantes; Jon, el compañero de piso de Katie, un escritor en busca de agente tímido hasta decir basta y temeroso de tirarse un pedo en mitad de la entrevista para un agente; Sukie, su amiga del alma, actora a la búsqueda de un buen papel; Nick, el cocinero cachas y falto de seso que escribe cartas de menú de lo más surrealistas; y otra camarera pechugona a la que la falta más que un hervor... Pues hasta estas historias que se entrecruzan unas con otras, se hacen pesadas de leer en algunos momentos.

La historia de amor entre la protagonista y Dan, al que conocerá en una fiesta y terminará siendo su jefe del café, está adecuadamente bien desarrollada y el carácter de ambos (ella incapaz de asumir un compromiso -tanto personal como profesional- y él con tendencia a la dependencia y pelín inseguro) facilitarán una serie de encuentros y desencuentros, malentendidos y que terceras personas estropeen las cosas con facilidad pasmosa. Además, propio de esta literatura tipo chic-lit, en ningun momento de la novela nos encontramos con fuertes dosis de romanticismo más allá de un beso catalogado como diez o una inspiración repentina de que el otro es la persona adecuada para toda la vida.