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jueves, 17 de noviembre de 2016

M.N. Mera - Serie +qav 1,2

01 - Mas que un amor de verano
Patricia
Pat no podía imaginarse lo que le esperaba aquella noche en la fiesta de un desconocido millonario, parecía que después de todo el hecho de haber cambiado el cartel de “estoy divorciada y no confío en los hombres” por el de “solo quiero sexo, nada serio”, iba a dar sus frutos, aunque no como ella esperaba, a Marcos no había podido engañarle.

Marcos
Desde el principio supo que Patricia era la mujer que llevaba toda la vida buscando sin saberlo, aunque también intuía que le costaría hacérselo entender. Por extraño que pareciera, por primera vez los ojos de una mujer eran tan trasparentes que podía leer a través de ellos, y por eso sabía que había perdido la fe en los hombres.

Clara
Después de un año intenso de dedicación a su carrera de danza y artes escénicas, además de un año de competiciones con su equipo de gimnasia, se merecía unas relajadas vacaciones junto a sus amigos de toda la vida. En sus pensamientos no había cabida para los chicos y sin embargo, Leo, el primo de su amigo Rodrigo, unos años mayor que ellos y medio italiano, iba a trastocar todos sus planes.

Leo
No tardó en darse cuenta de que aquella morenaza preciosa, tan clara como su nombre, algo fría e inexpresiva, iba a hacer que la balanza entre quedarse en España o volver a Italia, ganara a favor de quedarse con su padre. Sin embargo, no se veía capaz de hablarle de aquello que podría separarles, tenía miedo de perderla. Además, no había necesidad de precipitarse, tenía tiempo para intentar explicarle su situación, o al menos eso era lo que pensaba.

María
Solamente su familia cercana conocía su don, un don un tanto molesto que le hacía ver y soñar cosas premonitorias sobre su familia desde que era muy pequeña, además, sus visiones solían cumplirse.
—Mamá…, he tenido un sueño. He soñado con Clara, está encerrada en un sitio, se siente muy triste, necesita salir de allí como sea… Mamá, tienes que ayudarla…—La voz de María denotaba la tristeza que debía sentir Clara, su sueño debía haber sido muy intenso—. Mamá… ¿la ayudarás?

02 - Un don un tanto molesto
 María
De una manera u otra, y aunque no lo hubiera buscado, siempre había estado unida a la muerte, por ello desde hacía un par de años trabajaba en una funeraria. Mis compañeros de trabajo enseguida se habían dado cuenta de los beneficios de tener una licenciada en bellas artes trabajando con ellos; yo era capaz de llevar a cabo cosas que ellos no sabían hacer y que ni siquiera les gustaban, por eso siempre me reservaban los casos más complejos. Como el que tenía en ese momento entre manos. Aunque… ¿Qué estaba sucediendo? ¿Sería otra sorpresa de mi don?

Celia
Aquel verano tenía un objetivo; dejar de ser virgen. Aunque en un principio había pensado que lo mejor sería hacerlo con un desconocido, alguien que no pudiera pedirme explicaciones, desde aquella noche me di cuenta de que estaba equivocada, quería hacerlo con él, con alguien a quien quería, con alguien en quien confiaba, con mi mejor amigo, con mi primo del alma.

Fabio
Era una locura, no podía seguir pensando en ella de ese modo, pero lo cierto era que no podía evitarlo; lo hacía a todas horas y me estaba volviendo loco. No podía permitirme fijarme en ella, mi padre me mataría y me culparía a mí, porque yo era el más mayor, el que se suponía que tenía que ser responsable y cuidarla para que nadie le hiciera daño. Pero… ¿y si era yo quien le hacía daño?

Marcos
Echaba de menos el ruido; el violonchelo de Celia, las risas de Fabio y Celia que siempre se estaban riendo, la voz profunda de Alberto, Alejandro haciéndole preguntas a Leo constantemente sobre todas las cosas del universo, y por supuesto la presencia reconfortante de Clara. Pero entonces algo llamó mi atención desde la ventana del estudio. ¡No podía ser cierto lo que estaba viendo! Había alguien flotando en la piscina de la casa de al lado. Sin saberlo, aquella situación inesperada me llevó a plantearme algo que me había pedido mi hija Celia hacía unos días…

Carmen (Zarauz, 1932)
Desde hacía poco tiempo mi don se había convertido en algo molesto. No estaba segura de hasta qué punto era una ventaja poder escuchar los pensamientos de los demás, sobre todo si solo los escuchaba cuando hablaban de mí. Aunque lo más curioso de todo era que tan solo había una persona a la que no podía oírle los pensamientos.