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viernes, 21 de febrero de 2014

Javier Arias Artacho - El General maldito

Vespasiano es nombrado emperador y su hijo Tito será el encargado de finalizar la guerra de Judea y de destruir Jerusalén en el año 70 d.C. Uno de sus generales, Marco Grato, al mando de la duodécima legión, desaparece en el desierto tras una cruenta emboscada donde mueren todos sus hombres. También a él le dan por muerto, pero inexplicablemente aparece a los pocos meses sin recordar nada de lo sucedido ni de su vida pasada y sin saber quién es él mismo en realidad.

Su vuelta a Roma ahonda en el misterio. Su esposa y sus esclavos constatarán que no solo su carácter y su voz han cambiado, sino también su expresión. Aferrados al temor a los espíritus que rondan la villa, comenzarán a sospechar que el dominus ha muerto y que quien habita bajo su piel ya no pertenece al mundo de los vivos. Pero, ¿acaso se puede regresar de entre los muertos?

El general, sintiéndose un intruso en su propia casa, afrontará esas sospechas en silencio, sumido en una intrigante amnesia que, además, le oculta los secretos de su familia. Nada es lo que parece en su vida y en su pasado… tampoco.

sábado, 25 de agosto de 2012

Javier Arias Artacho - Eitana la esclava judía

Sinopsis:
Eitana siempre creyó que su vida ya había sido tallada desde antes de nacer. Se había asomado al mundo con los ojos bien abiertos, oscuros, obstinados y firmes, sin apenas llanto, por ello su abuela pronto comprendió cuál sería el carácter de aquella niña y, con admiración, de sus labios se rasgó eitana, con fuerza y valor. Tal vez, de no haber sido así, entonces no hubiese corrido como un pequeño león hacia su destino y, quizás, simplemente se hubiese quedado agazapada en la azotea de su casa ajena a la crucifixión de su padre. Pero no lo hizo. Y allí comenzó su esclavitud con apenas trece años.
 Aquello sucedió en Julias, en la Palestina del año 54, durante el Imperio de Claudio. En aquel entonces, para ella Roma era un lugar demasiado lejano y terrible, simplemente un imposible que no imaginaba que se convertiría en su mundo. En aquel entonces, no podría comprender la indignidad de la esclavitud, ni las vejaciones de un juez avieso, quien habría de humillarla en un camastro lujoso. Quizás entonces, de haberlo sabido, habría deseado morir antes de partir. Pero la joven judía no había podido elegir su destino...