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viernes, 9 de enero de 2015

Henri Troyat - El pan del extranjero

A partir de la muerte de su mujer, Pierre Jouanest se ha replegado, huraño, sobre sí mismo. Preferirse por sobre todas las cosas se ha convertido en su regla de conducta. Todas las tardes, al abandonar su consultorio de dentista en París, vuelve a encontrar, con un placer melancólico, su propiedad de Milly-la-Foret, impregnada del recuerdo de la desaparecida. Entonces, cuando se cree por completo requerido por el pasado, un acontecimiento terrible le revela la fragilidad de su confort y la inanidad de su existencia. De pronto se descubre conmovido por la presencia, a su lado, de los chicos de su jardinero, Miguel. Insensiblemente un encanto pueril y como mágico lo ata a esos jóvenes seres que no son nada suyo. Esta metamorfosis toma proporciones tales que, poco a poco, se convierte en una idea fija. Creyendo actuar en pro del bien de todos, teje, con generosidad y obstinación, los lazos de un drama ineluctable.


Esta novela, sobria y cruel, es breve, y sin embargo, una gran novela. El cuadro encantador, la tranquila felicidad de los personajes disimulan durante largo tiempo la tragedia que se gesta y que, por encima de la anécdota, encierra todo el problema de la paternidad, verdadera y falsa (¿pero dónde está la verdad?), que Henri Troyat evoca magistralmente, hasta sus consecuencias más demenciales.

jueves, 1 de enero de 2015

Henri Troyat - Rasputín

Nacido en un remoto lugar de Siberia, Rasputín podría haber llevado la existencia de un simple mujik semianalfabeto, de no haber sido por la curiosidad que en él despertaban la religión y sus enigmas, por su singular percepción de la realidad y los a veces extraños acontecimientos que le sucedieron.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Henri Troyat - Las Zarinas

Tras la muerte de Pedro el Grande, en 1725, ¿quién sucederá a ese reformador déspota y visionario? Rusia está inquieta, nobles y vasallos trazan sus estrategias y desarrollan hipótesis acerca de quién ocupará el trono. Serán tres emperatrices y una regente quienes detentarán el poder durante treinta y siete años: Catalina I, Anna Ivanovna, Anna Leopoldovna, Isabel I. Mujeres todas ellas caprichosas, violentas, disolutas, libertinas, sensuales y crueles, que impondrán su extravagante carácter al pueblo y harán vacilar a la santa Rusia.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Henri Troyat - Alejandro II

En la Rusia del siglo XIX, efervescente de intrigas y conjuras, el zar Alejandro II aparece como una víctima de su generosidad y sus vacilaciones entre el liberalismo y el miedo a la anarquía.


Durante su reinado, abolió la servidumbre, suprimió los castigos corporales y reorganizó la administración. Para imponer sus ideas tuvo que enfrentar, por un lado, a los revolucionarios fanatizados y, por el otro, a los aristócratas y los propietarios rurales. Dividido entre su afán de progreso y el temor de socavar los cimientos del imperio, sólo halló sosiego en una mujer, la joven Catalina Dolgoruki, a la que hizo su amante con gran escándalo de la corte.


Henri Troyat, autor de Catalina la Grande y de una serie de importantes biografías, traza en este libro la fascinante vida de un hombre cuya historia nos ayuda a comprender los sorprendentes cambios de la Rusia actual.

jueves, 10 de julio de 2014

Henri Troyat - La novia eterna de Napoleon


Cuando decide repudiar a la emperatriz Josefina porque no puede darle un heredero, Napoleón dirige su atención a la familia real Rusa. Primero solicita al zar Alejandro I la mano de su hermana Catalina. A pesar de que la seduce gobernar Francia, Catalina elige un noble ruso como esposo.Napoleón no ceja en su intento y pide en matrimonio a la hija que le sigue, la pequeña duquesa Annette, que tiene catorce años. Su madre, la emperatriz viuda María Fedórovna, abriga varias dudas:el "Ogro Corso" es un advenedizo mucho mayor que su noble hija quien, además, aún es pequeña para ser madre. Mientras la familia sopesa los pro y los contra de la alianza, Napoleón se irrita por la demora y, resentido, se dirige a la corte de Austria para solicitar en matrimonio a la archiduquesa María Luisa, hija del emperador Francisco. Esta decisión representa un alivio para los Romanov, pero condena a la duquesa Ana, la fallida prometida, a una vida de ensoñación y espera.