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miércoles, 15 de agosto de 2012

Cristina Wargon - Oid mujeres el grito sagrado

Sinopsis:
Oíd, mujeres. Tosed, varones. Leed y respirad estos aires liberadores y revulsivos."
"Algunos hombres dicen que las mujeres no tenemos humor. Algunas mujeres sostienen que lo que no tenemos es de qué reírnos."
Aquí tienen un extracto de una nota escrita por esta autora:
"Me parece recordar que, como toda niñita normal, mi hija comenzó a enamorarse desde los seis años. Del vecinito de enfrente, del hijo del quiosquero y de todos y cada uno de sus compañeritos de grado. Con la sana ingenuidad de los ignaros me limitaba a sonreír frente a estos amores (casi imposibles), confiada en la pureza que caracteriza a la infancia (ya lo dije: era una vaca). Sin embargo, llegó el momento en que la criatura comenzó a estirarse en algunos sitios clave e inevitablemente surgió un tema urticante: la maldita virginidad.
Interrogada sobre la cuestión, enarbolé el verso de las madres progresistas que por aquel entonces era uno de los más tramposos que se pueden imaginar. Resumámoslo así: "En verdad, el acto sexual es un acto de amor y cuando llegue el GRAN AMOR, todo lo demás no tendrá importancia." Clarito, ¿no? Clarito como las nieblas del Riachuelo. Porque ¿cómo hace una confusa adolescente para distinguir cuál es el GRAN AMOR que le permitirá todo? ¿Es más grande o más chico que el amor por su compañerito de banco? ¿Tiene un color, un sabor, un aroma distinto de aquél que inspira el hijo del quiosquero?
En ese instante, una madre "progresista" (puaj) se refugia en las tinieblas de lo irracional. No hay descripción precisa para ese amor pero "una lo reconoce cuando llega". Algo así como si el mismo Dios en persona se descolgara de su nube para señalar con su dedo en llamas al elegido. En el fondo del corazón una bien sabe que Dios jamás se pone en esos trámites, y confía, por ende, que antes de que llegue Dios aparezca el mozo con el anillito para el dedito y una tranquilizadora propuesta de matrimonio. El "candidato", bah...
Lamentablemente, antes de la aparición de tan preciado personaje arriban a la historia otros mozos que ni piensan en el anillito o la boda! Lo que ese cretino quiere es propasarse con la criatura, como si no tuviera madre. Como si la madre fuera una idiota. Cómo que te voy a romper el alma, ¡desgraciado!"

Cristina Wargon - Mujeres por la mitad de la vida


Sinopsis:
"Como mis libros anteriores, éste también está dirigido a las mujeres y a los hombres… muy inteligentes… Cuando terminé de poner el punto final, releí y me asusté. Casi llorando me dije: "¡He parido un Frankenstein!" ¿Cómo pude entremezclar babosas notas sobre mis nietos, que darían arcadas a la familia Ingalls, con un capítulo sobre varones, en tono de yegua altamente resentida? Una vez más se entremezclan detalles sobre cosas que ocurren en esta edad incierta (temores y comienzo de la menopausia) con descaradas instrucciones sobre cómo tener un amante a los cincuenta".
Así presenta CRISTINA WARGON su nuevo libro. Su irónica mirada conserva un dejo provinciano y una impronta de delirio difícil de calificar pero fácil de disfrutar. Para una mujer que dice definirse con los versos de Roque Dalton: "Ríete, aunque sea de mí", esta es otra invitación a seguirla, sabiendo de antemano, que en estos relatos no ha de pasar nada que no le haya ocurrido o le pueda ocurrir a otra mujer, pero al mismo tiempo, nada que deje de hacernos sonreír.
"El espectáculo de una mujer en la mitad de la vida –sostiene-, es un verdadero disparate, todos los roles se mezclan, se superponen y se contradicen. Un poco madres de nuestros padres, cansadas madres de nuestros hijos, radiantes (o fastidiadas) abuelas, como siempre laburantes y más que nunca, minas. Bátase todo con energía, condimente con ironía y el resultado de este libro. ¡Qué lo disfruten!

Cristina Wargon - El descabellado oficio de ser mujer

Sinopsis:
Como si ser mujer no fuera en sí mismo el más descabellado de los propósitos, Cristina Wargon se ha propuesto ¡y lo logra!, escribir un libro acerca del tema. Esto habla a las claras de una personalidad tan descabellada que no merece menos que el más descabellado de los elogios.
El lector no puede parar de preguntarse de qué se ríe alguien cuyo destino irremediable es la calvicie. Si además –como es el caso– la empresa se cumple con humor a prueba de hijos, maridos, porteros, presiones sociales y demás pesadillas que habitan la cotidianeidad de cualquier mujer digna de ese nombre (y no somos muchas) nos encontramos, sin duda, frente a una de esas raras avis de la cultura contemporánea: ¡una humorista!
Algunos hombres dicen que las mujeres no tenemos humor. Algunas mujeres sostienen que lo que no tenemos es de qué reírnos.
Este libro da por tierra con ambas teorías. Y si es cierto que el humor es un ejercicio de la inteligencia, su autora ya puede dejar de sufrir por los aerobics que nunca hizo. Está en muy buena forma.