Mostrando entradas con la etiqueta Alexandra Ripley. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alexandra Ripley. Mostrar todas las entradas

miércoles, 22 de junio de 2016

Alexandra Ripley - La llama eterna

  Todavía no había cumplido la mayoría de edad, cuando José abandona la finca familiar de Arimatea, para trasladarse a la ciudad portuaria de Cesarea, en donde logra hacerse a la mar en una embarcación fenicia como ayudante del cocinero. Hasta aquí, José ya había incumplido los deseos de su padre, se había hecho pasar por otra persona y, además, había decidido faltar al Sabbath durante todo el tiempo del viaje. Estas faltas a La Ley (empero, desprovistas de impiedad), le eran necesarias para conocer el comercio marítimo, con el cual pretendía devolver a su familia la posición que tuvo alguna vez.

Con varios viajes de experiencia y algunas ganancias acumuladas, el joven navegante decide independizarse. Combinando el conocimiento de la ubicación de yacimientos de estaño, con el riesgo de realizar viajes comerciales fuera de temporada de navegación, logra convertirse en el proveedor de este preciado metal para la realeza hebrea, a través de la cual, posteriormente accede a comerciar con el mismo César. De esta manera, José había extendido su área de influencia comercial, y ya entonces también política, en viajes redituados de ida y vuelta, desde Alejandría hasta Inglaterra, en donde mantenía muy estrechas relaciones con los Druidas de aquella tierra.

Con ritmo ágil y sin rebusques, Ripley nos da cuenta del crecimiento económico del personaje central de la historia, el cual, viaje tras viaje, y negocio tras negocio, termina por conseguir el reconocimiento más notable al que pudiera haber aspirado: ser elegido como miembro del propio Sanedrín. Sin embargo, y hasta irónicamente, la vida de José se vio marcada duramente por la observancia de La Ley, que lo llevó al límite al tener que encontrar una salida a su primer matrimonio, el cual pudo haber culminado en divorcio por no haber engendrado hijos en el tiempo estipulado por las sagradas escrituras.

A mitad de sus años, un giro más marcaría el rumbo de nuestro protagonista, pues Sara, su primera mujer, muere poco tiempo después de dar a luz una niña, la cual no tiene movilidad en las piernas. Aquí, la autora nos obsequia con el detalle de introducir a los Esenios (la comunidad que no es nombrada salvo en escasos textos), a quienes recurre José infructuosamente, buscando una cura para su hija. Este intenso panorama vuelve a cambiar cuando la niña milagrosamente logra ponerse en pie y andar, gracias a un simple encuentro con un hombre que respondía al nombre de Jesús.