domingo, 18 de junio de 2017

Luciano Carobini - Humo

Un segundo más tarde se deslizó por la rendija de la puerta de acero, un sobre abierto con sellos del correo argentino, después de casi cuatro años, ya podía reconocerlos a metros de distancia y tampoco eran tantos metros, solo tres de largo por dos de ancho, el remitente era de Bs. As y el contenido lo cambió todo.